lunes, 8 de noviembre de 2010

Capitulación de San Mateo

A comienzos del fatídico 1812, en febrero ocurre el alzamiento en Coro de Domingo Monteverde, quien rápidamente ataca y el 23 de marzo es recibido como un héroe en Carora. Tres días más tarde, ocurre un terremoto que afecta precisamente a las principales ciudades de las Provincias Unidas: Caracas, Mérida, Trujillo, Puerto Cabello, Barquisimeto, San Carlos y San Felipe. Por mera coincidencia el terremoto ocurre en día Jueves Santo, (Jueves Santo había sido el 19 de abril de 1810). El Clero pro-realista, encabezado por Narciso Colí y Pratts anuncia "Jueves Santo la hicieron, Jueves Santo la pagaron", atribuyendo el terremoto a la Justicia divina como castigo por la separación de España (solamente Coro quedó indemne). Los realistas ocultos aprovecharon el hecho natural para iniciar sus movimientos armados. Muchos patriotas habían muerto en las regiones afectadas y la superstición hizo que anteriores patriotas abrazaran la causa del Rey de España.

El Congreso designó al Marqués Fernando Rodríguez del Toro, para enfrentar a Monteverde, pero el jefe venezolano pronto demostró su incapacidad militar y fue derrotado por lo cual, a pesar 'de todo, debieron acudir al experimentado Miranda. Ante el avance de Monteverde, los patriotas de Valencia abandonaron la ciudad a la cual entró Monteverde como un salvador. Militarmente se trataba entonces de sitiar a la ciudad plaza muy importante porque abría la ruta hacia Puerto Cabello, el bastión patriota.

En el ánimo de oficial europeo de Miranda no estaba tomar la ciudad directamente por la fuerza y por ello dirigió una proclama a los valencianos para que ellos mismo expulsaran a Monteverde. Imbuido de los códigos de honor militar de ejércitos como los de Francia, Austria, Prusia o Inglaterra, el anciano General llamó a consulta a quienes le enviaron contra Valencia. El Presidente Francisco Espejo envió a Maracay, como su representante nada menos que a Juan Germán Roscio, enemigo velado de Miranda. Mientras tanto, se otorgó a éste el carácter de Dictador y Generalísimo de los ejércitos republicanos, quien como tal fijó el centro de operaciones en La Victoria, acceso obligatorio hacia Caracas.

Mientras tanto la anarquía cundía. En Curiepe un alzamiento de esclavos atacaba por igual a patriotas y a realistas, con la mayor saña, destrucción, violaciones rapiña. Para colmo, la plaza de Puerto Cabello, la más importante de la República se pasó a los realistas aprovechando la ausencia de su comandante, el Coronel Simón Bolívar (30 de junio de 1812) y la traición de su segundo al mando, el canario Francisco Fernández Vinoni. Los realistas ocuparon Choroní y Ocumare de la Costa. Al saber Miranda la caída de Puerto Cabello comentó textualmente "Tenez: Le Vénézuéla est blesé au coeur" (Miren ustedes: Venezuela ha sido herida en el corazón).

Mientras el país se había anarquizado por completo, el 12 de julio se reúnen en La Victoria Miranda y el Ejecutivo: Espejo, Roscio, José de Sata y Bussy, Ministro de Guerra, el Ministro de Hacienda, el traidor Marqués de Casa León y el Ministro de Justicia "Coto" Paúl, para evaluar la situación. Dadas las extremadamente difíciles condiciones del país Miranda propuso solicitar un tregua a Monteverde y todos los presentes aceptaron expresamente.

La respuesta de Monteverde no se hizo esperar, ni podía sorprender a nadie: estaba dispuesto a la tregua, pero sus tropas seguirían avanzando. Semejante concepto de tregua fue rechazado por Miranda, quien contra-propuso un armisticio respaldado por árbitros ingleses (ya en camino) y comisionó a José de Sata y Bussy y a Manuel Aldao para hablar directamente con el canario. La propuesta mirandina contenía la libertad de todos los presos militares de ambos bandos, y el respeto a sus familias y propiedades; los ejércitos no se moverían de sus posiciones, pero los civiles podían trasladarse de un lado a otro dentro o filera del país en un lapso de tres meses a contar desde la fecha del armisticio. Margarita quedaría fuera de la capitulación para que los patriotas que lo deseasen se instalasen en ella. Salvo por el arbitraje inglés que quedó pendiente, Monteverde aceptó las condiciones de Miranda.

El campo patriota quedaba minado por una serie de dudas: la preferencia de Miranda por oficiales europeos, (existía, por ejemplo, un cuerpo exclusivamente integrado por franceses bajo las órdenes del coronel republicano J. Du Caylá) obviamente mejor preparados. A pesar de que el ejército patriota era teóricamente mayor en número, los realistas crecían en número día a día; el país había quedado envuelto en anarquía; muchos oficiales patriotas estaban convencidos de la derrota, sólo los más jóvenes eran partidarios de seguir la lucha después del armisticio. Por último Miranda debió percibir el ambiente de desdén, odio, intriga, envidia que le rodeaba, aun entre los miembros de la Junta Suprema.

Aceptada la capitulación de San Mateo, por el Ejecutivo venezolano, Miranda abandonó su cuartel general y se dirigió a Caracas, el 26 de julio. Como era normal en Europa, solicitó de Casa león, Ministro de Hacienda el pago de sus servicios, los cuales en definitiva no fueron cobrados, al menos en su totalidad. A través de su edecán, Carlos Soublette, escribió al teniente francés Pierre Antoine Leleux (cuya paternidad se atribuía, falsamente, al Generalísimo, tanto así, que Leleux permaneció al lado de Bolívar y siguió la causa patriota varios años) para que pusiera a buen recaudo sus más preciados tesoros: sus baúles cargados de libros, cartas, mapas, proyectos, en un barco británico que saldría de La Guaira (el Watson). Sus planes inmediatos eran la búsqueda de la protección inglesa para la nueva república y la compra de armamentos y municiones.

Sin embargo, el 29 de julio llegó a La Guaira del bergantín de la Armada Británica "Sapphire", a enterarse de los términos de la capitulación. Sin embargo, como era de esperarse, Monteverde, marino trocado en bodeguero, carecía del concepto del honor militar, no había respetado la capitulación y avanzaba sobre Caracas y La Guaira. Leleux embarcó los célebres baúles del General (que las malas lenguas decían contenían dinero) con destino a Curazao a la Casa Robertson & Belt. También depositó al capitán del bergantin veintidós mil Pesos propiedad del General.

Los jefes patriotas, fileron llegando a la Guaira, con la misma idea, retirarse estratégicamente del país. Entre ellos, Bolívar, Gregor Mac Gregor, y José Antepara.

Extraído de: http://www.simon-bolivar.org/Principal/bolivar/g_f_de_miranda.html#EL

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